Juan Carlos Tacoronte: La ruanas

Aurelia y sus hermanas tenían nombrete por parte de la madre, que lo traía puesto de Cuba y ya no le quedó más remedio que encajarlo en la heráldica del paño familiar que tenían colgado en un lugar de honor en la Quinta de las Calmas. Higinia Amador Melian, su madre, nació en noche de tormenta y como el barco estaba en ninguna parte, a medio camino entre la miseria que dejaron atrás, y los sueños que perseguían, no pudieron registrarla hasta que no se casó por poderes con Arcadio Mora Ortiz, violinista de la Municipal y músico de carrera.

Las ruanas, así las llamaban a las tres hermanas, las tres con más frente que espaldas. Ninguna se casó porque no tenían vocación y la verdad su carácter y belleza apuntaban otras maneras. Eran muy leídas y de tanto leer y pensar, descubrieron que la solución a todos los problemas del mundo no era otra cosa que una mujer feliz( una mujer feliz es la que se gobierna sola, aunque se acompañe de alguien).

Así se dedicaron encuerpo y alma a luchar por ese horizonte. Entre las tres fabricaron una sociedad secreta para investigar los placeres varios, también los ocultos y prohibidos a su género o sea al puro placer, sentir placer por sentir y gozar de él. Le pusieron el rimbombante nombre de la Cosmológica iberoamericana de estudios astronómicos de la naturaleza del orbe y sus manifestaciones fugaces.

Esta sociedad era muy frecuentada por poetas, científicos, aventureras y toda clase de gente amantes de la vida en general. En un edificio del centro instalaron en sus salones aquel atelier de estudios y otros menesteres. Aurora capitaneaba aquel trío familiar y un día se miró en el espejo completamente desnuda y pudo ver que su propio reflejo la invitaba a traspasar la puerta secreta de los placeres, y no dudó en hacerlo. Las tres hermanas hacían y deshacían a su antojo. Este espejo maravilloso fue el pago de una deuda a su padre por parte de un viajante persa con quien jugó a las cartas en un antro de La Habana. Aquel descubrimiento les cambió la vida, las encendió, literalmente ,de tal manera que el 18 de julio de aquel año bisiesto en aquella parte de la ciudad no fue el levantamiento lo que recordaron, sino el incendio misterioso de la Cosmológica Iberoamericana y la desaparición de las Ruanas.
Un mundo raro. Un cuento chiquito

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